En la cuarta reposición de cine y poesía de verano, seguimos con autores franceses. El cineasta, Jean-Luc Godard, perteneciente a la nouvelle vague. El escritor, Auguste Villiers de LÍsle-Adam, perteneciente al movimiento simbolista. El larguísimo poema que presentamos nos hace reflexionar acerca de, si son los escrúpulos morales, lo que motiva, frecuentemente, a la mujer a traicionar la confianza del hombre que se le entrega. Dudamos de si tal cosa nos resulta repugnante, como le ocurre a Jean Seberg en A bout de soufflé (Al final de la escapada), cuando termina preguntándose: Qu´est que c´est degueulasse?No vamos prescindir de poner la composición completa. Como en todas sus obras, Villiers evoca aquí un espectro de mujer misteriosa, reina del orgullo, sombría y arrogante como la noche, un poco crepuscular y con reflejos de sangre y de oro en su belleza y en su alma.
August Villiers de LÍsle-Adam
A ORILLAS DEL MARAl salir de aquel baile dejamos nuestras huellasen playas que a un destierro conducen al azar.Una flor en su mano se acaba de ajar.Era una hermosa noche de ensueños y de estrellas.Rompíanse en la sombra oleajes enlutadoshacia el ópalo atlántico y la áurea lejanía.El ultramar sus luces místicas expandía.Las algas perfumaban los ámbitos helados.En la escarpa, los ecos sonaban mientras tanto;con la espuma rizaba la onda volutas locasy, densa, acometía el bronce de las rocas.Brillaban en la duna cruces de un camposanto.Su silencio acallaba del mar la baraúnda.No tenían las cruces por el mar ultrajadasni coronas de duelo, ni flores; arrastradasfueron por la tormenta que retumbando inunda.En declive, las tumbas desde el mar, cuesta arriba,bajo la niebla oían que la sombra a lo arcanodel infinito sueño interrogaba en vano.Él, callaba el secreto de la ley decisiva.Friolenta, cubrió con un oscuro chalsu seno, egregio exilio de muchos agasajos;y admiré a la mujer de los párpados bajos,esfinge cruel y aciaga, pesadilla fatal.Mata a los niños sólo con su mirada atrozy sobrevive a todo aquello que destruye.La amamos porque a ello la Noche contribuye.Los que la tratan de ella hablan a media voz.La reviste el peligro de un nimbo familiar,y aun en su tierno abrazo que quiere desmentirsus crímenes, parece al evocarlos, oírculatas de fusiles que van a ejecutar.Tras el oprobio ilustre que, empero, la sujeta;bajo el duelo en que goza su alma sin ardor,todavía descansa un virginal candorcomo un lirio en el ébano de bruñida bujeta.Atenta, prestó oído al tumulto del mar,bajó su hermosa frente que los años besarony en dolorosos términos sus labios declararonsu lóbrego destino que duele recordar:Hace ya mucho tiempo, cuando yo sosteníatrato con los vivientes y escuché sus ternuras,igual que el mar bravío junto a esas sepulturascon ira lamentáronse de mi pétrea apatía.He visto más de un largo adiós agonizaren mis manos que acogen sin odio ni emociónde las almas en pena la humilde confesión.No devuelven sus besos los sepulcros al mar.Yo soy toda silencio. La emoción no me alcanza;no tiene amor mi vida ni mis días sentido.Me han negado los cielos el sagrado latido;para mí han falseado el peso en la balanza.Y cuando yo fallezca, sé muy bien que mi suerteno será la de otros que en fiestas o tormentosvan buscando unas flores en turbiones violentos.Como no los comprendo descansaré en la muerte.Me incliné ante las cruces pálidas, luminosas.La extensión anunciaba el alba y aplacarquise aquel tenebroso e incurable pesarque hirió el remordimiento con ráfagas furiosas.Como ante el mar desierto y henchido le dijera:Bailando exenta estabais de esa melancolía,y en cristalina plática vuestra alma adormecíaa la sierpe enroscada de vuestra áurea pulsera.Riendo y aspirando unos ramos de rosasbajo los rizos negros sujetos con diamantes,cuando el vals nos llevó juntos unos instantesvuestros ojos brillaron sin llamas angustiosas.Con gusto vi el placer que bajo el arrebolencendía vuestra alma ya propicia al olvidoy, al fin, prestaba luz al dolor distraídocomo un glaciar herido por un rayo de sol.En mí clavó su fúnebre mirada que me asombracomo la palidez de sus rasgos fatalesy dijo: «¿Soy como esos países borealesque han seis meses de luz y seis meses de sombra?Sabrás que las soberbias mutuamente cambiadasenturbian de los ojos la lectura precisa.Ámame, tú que sabes que bajo mi sonrisasoy semejante a esas tumbas abandonadas.