a tu ordenador
auriculares,
y elevas el volumen
hasta el máximo,
puedes oír
los singulares ruidos
de su funcionamiento.
Es una música armónica.
Si se satura, expresa
con un gemido
metálico su queja.
Aquí sucede igual.
Cuando nada se oye,
escuchas a la arena
preguntándose
por qué,
si no hay viento,
se mueve,
lentamente,
en dirección
al horizonte. De Vicente Luis Mora, Tiempo (Pre-Textos, 2009). En el centro del tiempo mi lugar es el espacio. En el centro del espacio, mi lugar es el camino al centro. Como Stephen Dedalus, me permití tres armas: silencio, destreza, destierro. Otros Pre-textos de Tiempo Los granos de yeso,
en su origen,
son transparentes;
es el roce lo que cambia
la refracción de la luz
y los vuelve blancos;
como a nosotros,
es la herida
lo que les da carácter.
La noche cristaliza.
El frío penetra
cada poro
y llega hasta la sangre.
Circula
su fuego
por mi cuerpo.
Noto un peso.
Una presión
que me hunde
levemente
en la arena.
No la gravedad,
es algo más.
Recuerdo
la energía oscura,
aún sin explicar,
que mantiene acelerado
y en expansión continua
y geométrica
al universo.
El cielo es negro ahora,
pero además,
en un 74%,
es inexplicable.
Las galaxias se separan
unas de otras velozmente
y cada vez más rápido,
porque el universo
se hincha
desde dentro
a sí mismo,
como si quisiera
reventar.
Si hay Dios,
es un suicida,
y si no el Caos
hace honor
al nombre.
