Necesitaba

Hace tiempo que laboro solitario; también así, entendí que necesitaba, por lo menos, a otra persona para amar.

Siguen, “True love will find you in the end” x Atomic Sans (YTbe-The Worst Taste), y versos de Claudia Huergo (Villa Dolores-Córdoba. Argentina, 1968)

EMBESTIDA

Yo también pensé en algún momento

que se trataba de algún automatismo

o de una corriente eléctrica

lo que acercaba dos cuerpos.

Ahora creo

que cada cuerpo lleva dormido

un animal

que se llama ilusión.

                                               Claudia Huergo.

Claudia Huergo.

 

 

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Para cuando se derrumba

Reiteradamente, cuando mi mundo se derrumba, recurro a un  instante con taza de café buscando una solución.

Siguen, “afecction”  x jinsang (YTbe), y versos de Jorge Gimeno (Madrid, 1964).

Llegará el día, Dios tendrá que oírme,
como yo oigo a los grajos
y su estulticia de bronce en el atardecer.

Declina el tiempo responsabilidades,
excepto la de estar a punto de volverme loco,
la del convicto movimiento de mi diafragma,
que canta y come y me cree vivo.
(No es que pasen los años
con su camisa de fuerza
que lacios los miembros
ya no logran romper…)
Creo saber que me he perdido,
en la boca un gusto a pomelo,
en el ojo la compañía daltónica de una buganvilla.

La poesía exige un exceso de determinación,
demasiada para la pobre mónada humana…

Por ello sólo cuando se rompe, rota, hecha añicos,
sólo entonces trasluce, y aún así
por medio de un saber.

Es ley de locos

                                               Jorge Gimeno.

Jorge Gimeno.

(De  Espíritu a saltos. 2003).

Usuales

Unos amigos han elegido para sus vacaciones de invierno un país exótico donde la temperatura media resulta extremadamente alta. Irán con poco equipaje, pero no olvidarán sus usuales calcetines con motivos navideños.

Siguen, “First Time” x LO-FI LE-VI (YTbe), y versos de Kathleen Jamie (Renfrewshire. Escocia. 1962).

LA CESTA

El mundo comenzó con una mujer

envuelta en un chal, encorvada bajo la cesta,

cuyo paso lento reconoces

por sueños tormentosos. Te sientes

obligada a compartir su carga

desde la colina o la playa cubierta de algas,

pero pasa de largo sin ver

esclava de su íntima faena.

No lleva aves marinas, ni turba,

ni vellón, ni brillante arenque

sino su temor que de soltarla alguna vez

se apagaría el mundo.

                                               Kathleen Jamie.

Kathleen Jamie…

 

 

(Trad.- Carlotte Broad)

 

Grato

Tras un buen rato contemplando el aparente inamovible paisaje, pasaron dos veloces gorriones en grato canto.

Siguen. “Song fron a Secret Garden”  x Secret Garden (Fionnuala Sherry-violín voz y Rof Lovland-compositor), y versos de Carmen Camacho (Alcaudete. Jaén, 1976)

ÁRBOL ENTORNO

Mira, esa rama de lo alto. Pequéñísimo estertor. Será que un jilguero acaba de emprender el vuelo. Y ahí, ahí detrás, hay un escarabajo escondido. En el envés de la hoja, la araña. Sobre la pared del patio o contra el bosque de cielo: movimiento perpetuo al trasluz.

El eco del crujido del follaje. Después del ciervo.

El rastro del vuelo de una mariposa vegetal y ciega.

De la luz a la luz, ligeros corpúsculos del polvo.

Calor cristalizado, hecho hinojos, ámbito reservado al zumbido de ciertos insectos.

Ebriedad de juncias.

La mínima onda en el agua donde naufraga la avispa.

La sombra del viento que mueve la sombra de la hoja.

¿Puedes sentirla? Hay una lluvia dentro de esta página. Aquí hay hasta selvas, y una tarde. Su frescor. Mi campo y la China. Y esta ilusión de que el jilguero vuelva a posarse en el silencio. El árbol, y todo lo que invisible se mueve en  torno:

su canción.

                                               Carmen Camacho.

Carmen Camacho…

Como soy

Salió a festejar el premio de la lotería invitando a beber a todo el mundo durante toda la noche. Regresó a casa al hacerse de día, advirtiendo el error comprobatorio de su boleto. Dijo, soy como salí y también como regresé.  

Siguen, “Song from a secret garden” x Alexander Rybak, y versos de la poeta alemana Marie Luise Kaschnitz (Karlsrhue, 1901-Roma, 1974).

 

YO Y YO

Mi yo y yo está en pie

tiene aún en cuenta

toma aún el puñado

siente aún el sudor de perros

el mordisco del invierno.

Un hace ya tiempo

vuelto a la pared

lee en la argamasa

el volante de los sueños

 ve uno transparente

ambulante una luz.

Yo dice a Yo

persevera.

Yo pregunta a Yo

¿por amor a quién?

Yo dice a Yo

lleva hasta el fin.

Yo pregunta a Yo

¿por qué?

Yo el pez

Yo la nasa

Yo la manzana

Yo el cuchillo

Yo el grano de maíz

Yo la gallina

Yo el hilo

Yo la aguja.

Yo la aguja atrapa el hilo

hace el rojo

punto de cadeneta.

                               Marie Luise Kaschnitz.

Marie Luise Kaschnitz.

 

(Trad.- Héctor A. Piccoli)

 

Escrutar

Se asomó, con una taza de café recién hecho, al Gran  Ventanal de su apartamento, en el silencio del patio interior, repleto de desconocidas vidas tras alineados vanos, escrutando en el alféizar, unas cuantas pinzas de madera erosionadas por efecto de la lluvia y el paso del tiempo. 

Siguen, “So small and so quiet” x Isabella Fortuna (YTb), y versos de Alfredo Buxán (Corcubión. A Coruña, 1950).

DONDE NACE LA LLUVIA 

Yo miraba nacer el misterio del alba. 
Ha venido a mi frente, como una usurpación, 
el caserón en ruinas donde nació mi padre, 
donde mi padre, a buen seguro, pediría morir. 
El tiempo ha conseguido entumecer 
el vigor que sostuvo sus columnas, 
los escalones sólidos, la enérgica fachada 
que merodea, virgen, en mis sueños. 
Mi vida ha transcurrido dejándose mecer 
por la dulce nostalgia de su aroma: 
la severa mirada de la abuela, 
la dudosa intemperie de los largos pasillos, 
la fruta a buen recaudo en la alacena, 
las mazorcas de leche, el lavadero, 
el pasamanos cálido, la tamizada penumbra 
de las habitaciones. 
Allí, cuando era invierno (no olvido 
que fue hermoso), pasé unos días solo 
en el último piso, entregado 
al estudio como si fuera un monje 
rodeado de códices antiguos, lleno de frío, 
feliz como las piedras. Y callado. 
La mano, aquella tarde, persuadida 
del génesis, grababa palabras inmortales 
en un libro de niebla. 
Lo que a la postre hubo es la memoria 
de la lluvia, que caía incesante: 
como si para mí llorase el universo. 
La imagen imborrable de un muchacho 
que delicadamente acoda el alma en la ventana, 
con lentitud de estatua. 
La mirada de magia de un muchacho 
que sólo quiere ver cómo zarpan los barcos, 
hundidos para siempre en la ciega tormenta 
de los años, 
hacia el cielo infinito.

                                               Alfredo Buxán.

Alfredo Buxán.

 

(De   Las palabras perdidas (Poesía 1989-2008)Bartleby, Madrid, 2011).

 

 

Pulcra

Asistiré al casting de un spot para champú, referenciada por mi agencia, porque doy inmejorable pulcra imagen.

Siguen, “Sophisticated Lady” (d. Duke Ellington) x Billie Holiday, y versos de Denise Duhamel (Woonsocket. Rhode Island. EE UU, 1961).

POR FAVOR, NO TE SIENTES COMO UNA RANA, SIÉNTATE COMO UNA REINA”

(Grafito en un lavabo de tías en una universidad de Filipinas)

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

El mundo no recompensa a las chicas con granos.

No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Compra un champú que realce el brillo de tus cabellos.

Si tu pelo es liso, entonces rízalo.

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

Mantén tu aliento con sabor a menta y tus dientes blancos y limpios.

Píntate la uñas para que resplandezcan, diez perlas.

No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Sonríe, especialmente cuando te encuentres mal.

Mantén bajada la capota de tu coche cuando salgas a dar una vuelta.

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

No cedas a tus antojos, necesitas estar delgada

para que tu falda pueda levantarse cuando saltes y des vueltas.

No te sientes como una rana siéntete como una reina.

No te cases con el profesor, cásate con el decano.

Cásate con el rey, no te cases con el conde.

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

                                                               Denise Duhamel.

Denise Duhamel.

 

 

(De  Afortunada de mí.  Bartleby Ediciones. Trad.- Dagmar Buchholz y David González. 2008).